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Camina conmigo

Un día como hoy me levanto muy temprano (muy de madrugada, de estudio o de inspiración) y observo cómo la gente espera en la parada de autobús. Mientras hago café, voy de la cocina al dormitorio y pienso: -cuántas veces esperamos en paradas que no nos llevan a ningún lugar-. Estamos acostumbrados a esperar, a recibir, a tener expectativas y a desear cosas para llenar huecos en nuestro corazón. Y sin pensarlo, actuamos en contra natura y no captamos lo que ocurre dentro de nosotros como seres que forman parte de ella; añadiendo la cultura en la que nos ha tocado vivir y la educación ilegítima.

Somos seres naturales y encontramos un abismo entre lo que es y lo que debe ser. Nos paramos a pensar demasiado y perdemos el tiempo imaginando lo que podría llegar a ocurrir entrando en un estado ansioso o, de la misma manera, nos aferramos a un pasado que fue, sin aceptar que fue (como fuese) y que es una etapa nueva; un nuevo día.

Vuelvo a la cocina y la claridad se hace paso entre las nubes. Abro la ventana para refrescar mi piel y me digo: -el sol no me pregunta si quiero que esté o no en mi día, como la luna en la noche, por ejemplo- simplemente llega, me saluda despertándose de su letargo e intenta ofrecerme todo su esplendor; toda su esencia. Me ayuda a verme y es parte de mi. Realmente me hace consciente de que, quizás, un día no pueda disfrutar de este presente.

Solemos aferrarnos a un sentimiento, a una persona, a cosas para llenar el vacío de la incomprensión y en ocasiones esta nos inunda sin comprender que todo es mucho más fácil. El éxito está en la sencillez. Y a veces, con tanto ruido mundano y mentes empobrecidas, pecamos en la espera oportuna, en la deseada llegada de algo que nos haga momentáneamente felices. Y ahí está el error: el momentáneo suceso que esperamos. Al final nos desesperamos porque bien sabéis que “el que espera se desespera”.

¿Dónde está la paciencia para escuchar a los pájaros cuando cantan al amanecer? O el sonido de tu propio latido en ese silencio tan asombroso y fascinante, y tan lastimoso, en ocasiones, cuando nos centramos en la soledad y el vacío como elección. Los pensamientos podrían ser despertares y nada más, oportunidades de ser y de llegar allá donde imaginamos llegar.

La clave está en dejarte sentir, en vivir y levantarse un día diciendo que ya no vas a permitir seguir cansado o cansada de una situación que te ha comido, remordido, revivido momentos y removido el cerebro durante años, en la mayor parte del tiempo, sin ser consciente.

Un día tienes que levantarte y directamente disfrutar de la gente que hay a tu alrededor «de los tuyos», del día a día y los quehaceres, del trabajo que ejecutas (si realmente amas lo que haces); y de tí, porque para eso estamos en el mundo también, para llegar a ser y no complicarnos la vida. ¡La sociedad es demasiado complicada! El sistema, en todos sus puntos (económico, social, político, etc.) en el que estamos inmersos nos tiene atrapados; el pájaro azul que tenemos, el cual describía el gran maestro Rubén Darío. Con esto quiero decir que cada uno es artista en su propio tema, que todos tenemos que aportar algo positivo (siempre y cuando nuestro pensamiento lo llevemos a actuar desde la luz) y aunque pesen los días en los que peleamos por «ganarnos la vida», es nuestra vida.

¡Y la naturaleza te invita a ir de la mano con ella! ¡Formamos parte de ella, somos ella y moriremos en ella, hasta volver a ser parte de ella! ¡Qué curioso! Nos invita a ser porque somos lo que somos gracias a ella.

Olvidamos la Paz y hacemos la guerra. Nos echamos la culpa de los errores que erróneamente son juzgados por un juicio popular y por una creencia sumergida en el «somos pecadores del mal y del bien”; pero del mal, mucho.

Por cierto, el café se me ha enfriado y el hombre que esperaba se cansó de esperar. Ahora deambula por la estación mirando con desgana el bus que lleva más de media hora arrancado. Sabe que se irá a algún lugar y, quizás, lo estén esperando. Y no digo que sea ni malo ni bueno esperar, tan sólo analizo que en la espera eterna, en la psiquis de que ocurra lo que necesitamos, en el duelo patológico de un problema, no está solo la solución (y perdónenme los entendidos).

La salvación está en abrir los ojos a la vida y ser conscientes de que ella es un tiempo que nos han regalado, mientras la muerte nos espera feliz desde nuestro nacimiento.

Para concluir esta entrada de espera, digo que quizás debemos empezar a darle rienda suelta a nuestros pensamientos más positivos y a conectarnos con nuestro corazón. Levantarnos y dar pasos, recordar que un día aprendimos a caminar y que nos hacía ilusión recorrer todos los caminos posibles.

Feliz día.

 

Patricia LCastillo.

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