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El origen de las musas

Una razón por la que abro la ventana una y otra vez, es para respirar y llenarme las venas de algo que nunca falla; la puerta siempre estuvo abierta.

En mi realidad existen musas que cada vez que me miran a los ojos se ilusionan: les gusta que seas tú quien se refleja en su espejo.

Experimentar que fuimos dos afiliados al amor sin pagar cuotas de frialdad cuando somos uno, me reconforta el afecto.

Ahora no sé cómo hacer la llamada para ahorrarme la excusa de la soledad, la contradicción entre el amor que siento y esa frialdad emocional que partió la brújula de los deseos; sigo caminando para no sentirla, se ha convertido en un gran número de asignaturas de filosofía y una ingeniería con nota de honor y matrícula de identidad consciente.

Identifico el brillo de la nada y transciendo a la necesidad de meterme en un vuelo imparable para no sabotear mis sentimientos e identificar el viento helado de tu aliento.

La falta de amor no necesita una razón concreta para que surja y he aprendido a encontrar las razones, la luz y la oscuridad que se hayaban como veneno en mis entrañas.

Será desconcertante no encontrarte en frente cuando los besos hayan caducado y las alas quieran descansar sobre un barco conectado a la evolución.

La vida evoluciona, evolucionamos, es evolutivo que mi energía se transforme a lo largo de estos años: cambié todo por amor para involucionar las secuelas que lo merecen.

Como mortal que soy, dejo mi inmortalidad a los pies de una filosofía donde nací con musas que alimentan el corazón y no el estómago.

Para ello, me como las ganas de ser, también tu cuerpo como receta para vivir mejor.

Patricia Castillo.
@poetisaenredada

25-06-2020

El origen de las musas

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